Polituara, fue una pequeñísima población de la comarca del Alto Gállego, en el término de Biescas de cuyos restos sin duda lo más destacable es su vieja iglesia. Adquirido el pequeño pueblo por el Notario D. Ramón Acín, su voluntad fue reconstruirlo comenzando por su iglesia, ya que aquí pasó su niñez al tener su familia un pequeño almacén en la parada de postas y vituallas para las diligencias que surcaban el camino real a Francia.
En su origen, fue hospedería para viajeros y peregrinos, fundada por monjes anacoretas o cenobitas dedicados a la contemplación, que volcaban su vida en la oración, en la ayuda a los demás y en una perpetua sobriedad y sacrificio… El templo, de origen románico, está documentado desde 1.295, y en parte reconstruido en el siglo XVIII. De cruz latina y una sola nave con testero recto y bóveda, mide 17,50 m de longitud por 6,50 m de crucero, y las obras de consolidación terminaron en 2.019, recuperando para cuantos recorren como viajeros estos hermosos parajes un lugar de oración, de reflexión y de recogimiento en cuyo altar se ha recuperado la imagen de Nuestra Señora de Polituara y en cuya
admiración está latente el reconocimiento a un personaje tan singular como lo fue D. Ramón Acín Ferrer, promotor ilusionado de la recuperación uno de tantos pequeños pueblos abandonados que abundan, por desgracia, en nuestro país.
Notable fue la aportación del aparejador, Antonio Escarpa, que coordinó los oficios de los maestros artesanos de la zona, especialmente canteros y carpinteros de armar. La obra fue realizada por la empresa Construcciones A-2 de Panticosa.
Se recuperó la cubierta íntegramente rematada con la pizarra original que desde siempre la cubrió, se recuperaron las paredes de cantería y la estructura de cerchas de madera, y se realizó un extraordinario trabajo de “repavimentación”, con los pequeños cantos rodados colocados al bies como en el siglo XIII, siguiendo el dibujo de los jeroglíficos que se esbozaban en los restos existentes de su suelo… Una excelente rehabilitación, digna de admirar por el viajero.