Se trata de la renovación integral, especialmente de la fachada, de una vivienda de los años 90. El objetivo era poner el principal acento en un nuevo planteamiento de la envolvente de las fachadas, con un cierto “carácter de racionalismo contenido”, una presencia destacada en su arquitectura, y una potente y expresiva volumetría… El proyecto buscaba también ordenar los espacios de piscina y jardín, creando un conjunto arquitectónico unificado mostrando una continuidad estética entre vivienda y entorno próximo que posibilitaran el recreo familiar. Por último se redefine el concepto de cerramiento exterior haciéndolo parecer parte de la casa y enfatizando la entrada. En definitiva, una vivienda que por su carácter y personalidad, proyecte su volumetría sobre un entorno “de paisaje propio”, arropándose en especies arbóreas existentes y otras nuevas. El principal condicionante del proyecto es la arquitectura existente: una vivienda unifamiliar aislada con dos plantas sobre rasante y un sótano con fachada de ladrillo y panel fenólico, que ha envejecido mal y no aporta imagen de modernidad ni diseño arquitectónico. Teniendo en cuenta que no se quiere alterar ni la volumetría ni huecos y con el mínimo impacto posible, la actuación se circunscribe a una modificación de su «piel», pero que resulte una variación radical de su imagen.
La solución constructiva que mejor resuelve estas premisas, es añadir una nueva piel de material composite de aluminio (panel Larson) que con una sencilla instalación se superponga sobre la fachada existente de ladrillo y permita ligeros matices a nivel geométrico que potencien. El panel composite de aluminio permite perfectamente esta manipulación en ángulo de las aristas. Las contraventanas correderas se constituyen igualmente con este material sobre un bastidor metálico, integrando todo el conjunto cuando se encuentran cerradas. Como hilo conductor de su volumetría, la imagen final desde la vista principal se configura como una suma de tres prismas que se «abocinan» y enmarcan sus huecos. Esta geometría en chaflán tensiona los prismas y añade un carácter escultórico, al tiempo que sofisticado y tecnológico. Se utilizan dos colores, el blanco para el volumen general y el gris para enfatizar los planos remetidos y los paneles de contraventanas correderas. Combinamos dos tonos generando una dualidad cromática intencionadamente excesiva, pero que aporta, un contraste de singularidad, por radical, bello… y que exalta la oposición entre el volumen saliente y el remetido. Esta imagen, mantiene el ritmo y armonía de las tipologías de la arquitectura moderna de corte minimalista, incorporando racionalidad constructiva, funcionalidad de uso.
Fotografías realizadas por Alfonso Quiroga